En enero dijiste

Este año pierdo peso…

Este año dejo de fumar…

Este año aprendo inglés…

Este año empiezo el gimnasio…

Este año arranco ese negocio que tengo en mente…

¿Cuántos llevas prometiéndote lo mismo?

Leyéndome ahora quizá esperes que en esta página te ofrezca algo que solucione esto.



Pero la realidad es que solo quiero hacerte una pregunta:



¿Por qué no lo haces?

No.

De verdad.

Respóndete a ti mismo.



¿Por qué?



¿Cuáles son las razones?

Igual las que tú crees no son la verdadera razón.

Igual es que hay que trabajar algo antes para que te ayude a alcanzarlo.



Déjame contarte una historia para que puedas entender mejor a qué me refiero.



Es la historia de un niño que no sabía hacer nada bien.



Vivía en Madrid, en uno de estos barrios que espabilan. De los que dan calle y no regalan ni los buenos días.



Iba al colegio todos los días. Hasta aquí, como cualquier niño. 



Lo que no era como cualquier niño era lo que escuchaba de sus profesores…




“Tú no Isra, que no sabes escribir y no se te entiende”



“No llegarás a nada, Isra. No eres capaz ni de seguir un dictado”



“Te regalaremos el graduado para que al menos puedas trabajar de barrendero”





Quizá estés pensando "pobre chiquillo…”




Pero a él en realidad se la pelaba tres pares de cojones.

Era un niño feliz.

Con una infancia feliz.

Con sueños felices.

Y todo gracias a unos padres que le querían de verdad y que se lo demostraban cada día.

(A veces se nos olvida lo importante que es esto)


Además que este niño no era tonto. 

Era disléxico.

Y en los tiempos de su niñez había mucha ignorancia sobre estos temas.

(Aún así yo pienso que los profesores eran unos hijos de puta… la verdad.

Tratar a un niño así nunca está justificado.

Pero bueno.

Lo que yo pienso no es la historia que quiero contarte, así que sigo).

Los años pasaron...

Isra creció...

y tuvo la edad suficiente para cavar zanjas, ser escolta de stripers y, entre otras historias, descargar camiones a sol y sombra.

Todo bien hasta que dejó de estar bien.

Era el año 2017.

Una noche a las 3 de la mañana sintió sobre sus hombros todo el peso de la desesperación, la incertidumbre y el fracaso.

El fracaso de haber tenido una vida divertida, con muchas vivencias...

...pero sin haber hecho nada de una mínima relevancia.

Tenía casi 40 años y un trabajo miserable donde apenas cobraba mil euros al mes.

Mil euros al mes que no le daban para poder mantener a su hija y a su mujer.

Dos semanas y se tendrían que ir del piso en el que estaban de alquiler.

Cuando llegase este momento, Isra lo perdería todo.

Tendría que volver a Madrid, a casa de sus padres, y buscar un trabajo lo suficientemente bueno para que su mujer y su hija pudieran volver con él.

La niña tenía 5 años.

Y él no podía parar de pensar, hasta obsesionarse, qué sería lo que ella pensaría de su padre en el futuro. 

¿Qué iba a pensar su hija del padre que no pudo ni siquiera mantenerla a su lado?

¿Qué diría la voz interna de su hija... esa que a todos nos habla y que no tiene filtro?

Aquella noche Isra sintió como todo se rompía dentro de él.

Su cabeza, su autoestima, su corazón...

todo roto.

La vida le había cogido por el cuello,

Le había levantado y le había golpeado contra la pared.

No había más alternativas.

Le estaba ahogando. Apretando fuerte su cuello contra el muro.

Quitándole el aire.

Zarandeándole.


Exigiéndole que espabilase.

Que espabilase porque si seguía así, lo iba a perder TODO.

Hoy la historia es distinta.

Ya no sigue así. Claro.

Por eso te lo estoy contando.

Hoy es millonario.

Y lo que hizo para lograrlo es otra historia diferente a la que quiero contarte hoy.

Lo que sí quiero contarte hoy es lo más irónico de todo.



Y es que se hizo millonario ESCRIBIENDO.



¿Y sabes qué es lo más divertido?

Que para publicitar su quinto libro ha puesto una lona ENOOOOORME en pleno centro de Madrid.



Mira:



Digo divertido porque ha tenido los cojones de ponerlo en pleno centro de Madrid, concretamente en la C/ Alcalá, 77. 




Su ciudad.




Esa ciudad de la que tantas veces escuchó que no llegaría a nada...




Seguramente esos profesores ya ni siquiera están para poder verlo… 



El paso del tiempo no perdona.

Pero habría sido INCREÍBLE verles la cara de bobos que se les habría quedado.

Bueno.

No te enseño esto para pedirte que compres el libro. 


Hazlo solo si crees que alguien con una historia como esta tiene algo que enseñarte.



No es fácil estar en una situación así y mantener la cabeza en su sitio para conseguir no solo salir de ahí…

…si no hacerse millonario en menos de 10 años. 



Quizá, y solo quizá, fue su forma de pensar y entender el mundo lo que lo mantuvo en pie.

Y quizá, y solo quizá, puedas aprender algo que te permita conseguir el propósito que llevas años postergando.




Pero lo dicho. 



Que si piensas que vas a leer lo de siempre y pagar 18€ es demasiado, lo comprendo.



Pero hay algo que sí te voy a pedir.

Y es que si tienes niños a tu alrededor ya sean hijos, sobrinos, hermanos, primos...

lo que sea


y te revienta tanto como a mí que haya personas que traten de hacerles sentir pequeños…



Comparte la imagen de esta lona como icono de rebeldía.

Como muestra de que esa gente se podría ir con sus comentarios a la grandísima mierda.



Es más. 

Quizá no tienes niños a tu alrededor, pero fuiste tu mismo a quién alguien, quién fuera, le hizo sentir pequeño alguna vez...



Compártelo coño.

Que les jodan.


PD1. Compártelo como quieras. No tienes que usar ningún hashtag ni nada.

Captura esta imagen y ponla en la red social que más rabia te dé.

Y ya está.


PD2. Por si lo estás pensando...

Lo sé. La gran mayoría no entenderán por qué compartes esto, pero no pasa nada. 

Lo haces para ti. 

Lo haces para recordarte que nadie puede decirte lo que puedes hacer y lo que no.

Lo entenderás tú y las cientos de personas que leerán esta página.

Ssshhh...

Será nuestro secreto.